La verdad y el Inconsciente


Frecuentemente, me topo con personas de todas las edades, ávidas por ser los protagonistas de cambios significativos en su vida, deseosos de comprender por qué se sienten ansiosos, inseguros, temerosos, tristes, desesperanzados o llenos de ira y desesperación. Ya sea que tengan problemas laborales, en sus relaciones interpersonales o sensaciones intensas de soledad e insatisfacción.

Sea cual sea el malestar, pocos quieren apostar en el ejercicio e inversión de acudir a una psicoterapia 2 veces por semana, para hablar durante 50 minutos sobre su malestar o aquello que ronda por su mente.

Muchas de estas personas, piden consejos y recomendaciones de lecturas que puedan transformar sus vidas, sanar sus dolencias psíquicas y ahorrarles tiempo y esfuerzo, pero sobre todo, se busca activamente perderse de la experiencia personal que ofrece la psicoterapia.

Pocos saben, que la psicoterapia es sobre todo eso: una EXPERIENCIA que en el vínculo que se genera con el terapeuta, transforma el pensamiento y la forma habitual de plantearse los conflictos y problemáticas de la vida cotidiana.

Uno de los fines de la psicoterapia psicoanalítica es poder descifrar el lenguaje inconsciente y diferenciarlo de lo que sabemos conscientemente, sobre nosotros, para acceder a nuestra verdad personal. Es por ello, que en un tratamiento de esta índole, no nos interesa la verdad como hecho real comprobable, sino como un hecho indiscutible en el pensamiento y sentir del paciente, con validez absoluta y sobre el cual se trabaja para acceder a verdades más profundas y desconocidas dentro de la mente.

Tener acceso a la verdad personal de nuestro inconsciente, impone la responsabilidad sobre nuestros actos y nuestras relaciones con otros, así como un mayor respeto a la libertad de los demás. Por ejemplo una persona en tratamiento, puede estar atravesando una situación dolorosa, por lo que busca la compañía de amigos para hacer frente a su soledad, pero indagando en sus motivaciones inconscientes, también puede descubrir que no tolera estados de dolor y ansiedad, aspectos egoístas de su personalidad, sus dificultades para comprometerse en relaciones duraderas de amor, etc.

Pero ¿qué es el inconsciente? La revelación que Sigmund Freud hizo de su existencia, dejó al ser humano frente a la angustiante situación de ver que existen dentro de nosotros algo que dirige nuestro pensamiento y voluntad sin que lo sepamos. Antes del descubrimiento de Freud, el inconsciente no había sido objeto de análisis científico, solo se había estudiado desde el punto de vista filosófico, moral y místico.

Inconsciente no significa pérdida de la consciencia, sino que se refiere a procesos complejos de los que no nos percatamos y que sin embargo definen nuestras acciones y una vez que accesamos a él, es que por fin podemos atender a sus exigencias y reclamos y así generar cambios más significativos.

En el inconsciente se alojan todas aquellas cosas reprimidas que de ser conscientes generarían un peligro al equilibrio físico y mental del individuo ya que producirían un dolor y angustia intolerable. Pero al conocer estos aspectos reprimidos, se tiene la verdadera posibilidad de hacer elecciones.

El inconsciente tiene sus propias leyes de funcionamiento, es un espacio dentro de la mente en el que no existe el tiempo, aquello que ocurrió hacer 30 años y que generó una emoción, tiene la misma vigencia como si acabara de suceder. El inconsciente no reconoce pasado ni presente, no reconoce contradicciones, sentimientos y deseos opuestos pueden coexistir juntos; busca siempre la gratificación, el placer y la satisfacción del deseo así como evitar la frustración y la postergación del placer.

El acceso al propio inconsciente, permite recordar afectos del pasado que hasta el momento habían sido olvidados y que al retomarlos, agregan significado y valor a la historia y a las experiencias actuales.

Ea así que el diálogo con uno mismo es inmensamente facilitado por una psicoterapia psicoanalítica y ese diálogo amplia sus márgenes al adentrarnos en el inconsciente. ¿Pero cómo nos adentramos? A través del análisis de los sueños, los relatos del paciente al decirnos todo lo que trae en su mente durante la sesión, por medio del análisis de los lapsus y de lo que ocurre en la interacción vinculante entre el paciente y el terapeuta.

Una experiencia intelectual o lectura de un libro, nunca va a cambiar la personalidad ni dará acceso a la verdad oculta y reprimida de uno mismo; es necesario pasar por la vivencia del tratamiento para que se generen cambios reales y la comprensión verdadera.

Como mencioné anteriormente, lo que aloja el inconsciente es un contenido que se vive como amenazante al equilibrio emocional y físico, es por ello que siempre he considerado un acto de valentía supremo el que hacen los pacientes que se animan a tener la experiencia de

ver esos aspectos ocultos, mirarlos, hablarlos, procesarlos y tolerarlos, para al fin encontrar nuevas vías para hacer frente a lo doloroso, a lo que da miedo, a lo que la mente considera inaceptable pero que nos habita y rige.

¡Bienvenidos valientes!

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