Arquitectura y Diseño - El Edipo y los Cimientos

Para Marina y Octavio, arquitectos de mis monumentos, oráculos de mi destino.


Frecuentemente me sorprendo describiéndole a mis pacientes aspectos de su estado mental con metáforas arquitectónicas. Y es que la mente, el hábitat de lo humano, es el sitio en el que nos guarecemos y refugiamos, es también un espacio que aunque abstracto da evidencias de su existencia ya sea que nos fijemos en la actividad cerebral electro química o en la actividad mental que vemos en los sueños, el lenguaje, las fantasías y la vida emocional.

Nuestro espacio interno, tiene características que se asemejan a los espacios reales en los que habitamos, en donde hay muros o murallas, habitaciones para llevar a cabo actividades del pensamiento, fantasías o para sentir y expresar emociones. Lo trascendente está en cómo usamos el espacio interno


, en descifrar si levantamos muros para aislarnos o para preservar la intimidad y marcar los límites, o si vivimos en lofts internos en los que todo está expuesto y exhibido; si generamos habitaciones para el amor o para deshacernos de los deshechos o si hay lugares para el juego o el castigo, entre muchísimos otros significados posibles que explican el estado mental.

Me viene al recuerdo la historia de los Cerditos que construían sus casas para protegerse del lobo, y en la elección de sus materiales y el esfuerzo otorgado a su labor se encontraba una de las claves del destino que cada una de sus viviendas tendría. La construcción de una mente, es así también factor clave en el tipo de personalidad que se desarrollará en el futuro y que junto con los aspectos heredados llamados temperamento, van a conformar la estructura de personalidad que sostiene a cada persona dentro de su mundo interno o casa interior. Existen teóricos psicoanalíticos que apuntarán a señalar a los padres como los arquitectos del mundo interno del niño en desarrollo, otros apuntarán a las capacidades del propio niño como el actor principal en la construcción.



Pero sea cual sea el enfoque desde el psicoanálisis, la arquitectura de la personalidad tiene sus bases y cimientos en las experiencias tempranas de los 3 primeros años de vida, en los que el sujeto, viene al mundo desprovisto de las herramientas físicas y mentales para su sustento. El ser humano, es dentro de las especies, el ser que nace con menos posibilidades de sobrevivir por sí mismo, requiere de la ayuda de otro ser para desarrollarse, crecer y construirse.

Es en estos primeros momentos, en los que la madre (o cuidador principal) cobra un papel preponderante al facilitar que los procesos de simbiosis y apego se den en el acto de cuidar al bebé, alimentarlo, arrullarlo, calmarlo cuando tiene sueño, hambre o frío, mantenerlo limpio y ofrecerle a su mente el aliento de las palabras, describiéndole el mundo, presentándole lo que es el cielo, la casa, su familia, los objeto cercanos y comunes, así como empezando a nombrar las emociones que el bebé siente y desconoce.

Posteriorimente, en el proceso de construcción de la mente será necesario que la madre coloque el puente para ir del apego a la separación e individuación. Para migrar a este proceso, Sigmund Freud, padre del psiconálisis, también explicaba sus descubrimientos, utilizando metáforas de la mitología. Utilizando el famoso Complejo de Edipo, parte de este ejercicio que Freud hacía para que se comprendieran sus observaciones de la mente humana. El Complejo de Edipo tiene así un valor estructurante en la construcción de la mente, sobre los cimientos y la base de los cuidados de la madre en los primeros meses de vida, se va construyendo un afecto del niño hacia el padre del sexo opuesto, tal como Edipo, en la mitología fue predestinado a casarse con su madre y procrear hijos con ella, el niño de la raza humana, atraviesa por un proceso análogo de amor y enamoramiento absoluto hacia su madre si es varón y hacia el padre si es niña.

En la actualidad y también en la época de Freud, para muchos esta era una idea aberrante, ya que se consideraba a los niños como seres asexuales, carentes de excitación y buenos por naturaleza. Freud y muchos otros teóricos y grandes psicoanalistas fueron develando otra naturaleza en la mente humana infantil, cargada de fuerzas tanto hostiles y destructivas (pulsión de muerte) como energía vital creativa, amorosa y erótica (pulsión de vida). Es así, como los niños pueden sentir este enamoramiento hacia su madre, anhelando inconscientemente ser la pareja de su madre y eliminar al rival que representa el padre.


¿Pero por qué este es un aspecto central de desarrollo en la construcción de la mente?

En casi todas las culturas, llevar a cabo el incesto es una prohibición universal, con muchos significados sociales y antropológicos, incluso económicos, pero que en la mente humana genera las bases para la construcción futura en la dirección de la solidez o en la dirección del derrumbe y la desarticulación.

Prohibir el incesto, es darle al niño el mensaje de que no todos sus deseos se pueden llevar a cabo, es frustrarlo y prepararlo para las frustraciones y prohibiciones venideras que organizan el pensamiento y dan fuerza en la base de la construcción. Es así como todo niño tiene que llevar a cabo la renuncia al deseo de su madre, renunciar a ese primer objeto de amor y postergar la satisfacción del deseo para un momento posterior en la vida adulta en el que pueda elegir a una mujer para sí mismo, habiendo afrontado la frustración y dando un lugar al padre junto a la madre, donde él es solo un niño, en desarrollo, con poca potencia y poca capacidad de acción en comparación con los padres.

Sin estas restricciones, la mente humana se derrumbará al primer enfrentamiento con el "No", con los límites y normas de convivencia social y a la primer frustración que la realidad imponga.



La solidez de nuestra casa mental, la solidez de nuestra personalidad, la podemos observar entre otras cosas en nuestra capacidad para tolerar y darle sentido a la frustración, en la capacidad para tolerar que en muchas situaciones no sabemos, no todo lo podemos y debemos hacer un esfuerzo para crecer.

En el transcurso de una Psicoterapia Psicoanalítica, lo que haremos es ir a la casa mental, a conocer sus pisos altos, sus sótanos, sus habitaciones obscuras, aquellas en las que nos da miedo entrar, también iremos a las habitaciones preferidas, a conocer rincones que tal vez obstruyen nuestro desarrollo, pasearemos por los corredores que le dan sentido a nuestra identidad para toparnos con los mecanismos que habiliten el autoconocimiento o la resistencia al mismo. No sin olvidar, que el diseñador de interiores y el arquitecto toman su lugar en el espacio inconsciente, que no están regidos por las instrucciones de nuestro deseo consciente, sino por esa fuerza interna sobre la que no tenemos control sino hasta que la develamos para conocerla y no dejarla dominar más.

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